{"id":4369,"date":"2022-10-17T13:21:30","date_gmt":"2022-10-17T13:21:30","guid":{"rendered":"https:\/\/elmitin.do\/?p=4369"},"modified":"2022-10-18T01:30:06","modified_gmt":"2022-10-18T01:30:06","slug":"negar-la-raiz%ef%bf%bc","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elmitin.do\/en\/opinion\/negar-la-raiz%ef%bf%bc\/","title":{"rendered":"Negar la ra\u00edz\ufffc"},"content":{"rendered":"<p>Entre el baile, la m\u00fasica y el f\u00fatbol latinoamericano hay una relaci\u00f3n hist\u00f3rica. Bailaba Maradona en los entrenamientos; baila el pibe Valderrama cada vez que puede; Pel\u00e9 no bailaba, pero hizo bailar a mucha gente. M\u00e1s recientemente, bail\u00f3 Ronaldinho en Mil\u00e1n (cuando quiso), bail\u00f3 Neymar en Barcelona (cuando se le antoj\u00f3) y bail\u00f3 James Rodr\u00edguez en Madrid (porque s\u00ed). El f\u00fatbol, es justo decir, activa lo m\u00e1s humano de cada uno, y cada gol se grita y se baila como una conquista propia y ajena. Y all\u00ed precisamente se refleja el baile: como manifestaci\u00f3n cultural de lo que cada uno lleva dentro, como expresi\u00f3n corporal de la calentura que corre por las entra\u00f1as del cuerpo latinoamericano, como reivindicaci\u00f3n del arraigo social y cultural, de lo que nos une con nuestra ra\u00edz.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Bail\u00f3 hace poco otro brasile\u00f1o, Vin\u00edcius J\u00fanior, y <a href=\"https:\/\/elpais.com\/deportes\/2022-09-19\/los-que-bailan-los-que-driblan.html\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Madrid se visti\u00f3 de racismo<\/a>. El muchacho, nacido en S\u00e3o Gon\u00e7alo (municipio con una de las rentas per c\u00e1pita m\u00e1s bajas de todo Brasil), se puso por meta bailar en los estadios donde marcase un gol. En esas andaba cuando a cierta fanaticada se le ocurri\u00f3 imputarle una sarta de barbaridades con un claro tinte racista y xen\u00f3fobo. De all\u00ed deriv\u00f3 una lista de argumentos a favor y en contra del bailoteo, en un cruce argumentativo que excedi\u00f3 lo deportivo y que parece soslayar el aspecto crucial de la cuesti\u00f3n: aquel baile, como cualquier otra expresi\u00f3n art\u00edstica, incluso aquella con vocaci\u00f3n pol\u00edtica, reivindica una ra\u00edz com\u00fan, muy humana, muy de todos. De modo que anular aquella reivindicaci\u00f3n es mucho m\u00e1s que reprobar el movimiento ajeno; implica, de hecho, la autoreprobaci\u00f3n. Esto, que podr\u00e1 parecer un antecedente muy lejano con poca relevancia local, ha adquirido una vigencia renovada entre nosotros, que aparentemente aun vemos en la agresi\u00f3n y el insulto el mejor m\u00e9todo de canalizar nuestro desacuerdo. As\u00ed que entre el baile de Vin\u00edcius y el esperpento reciente en el <a href=\"https:\/\/eldia.com.do\/grupos-ultranacionalistas-agreden-mujeres-e-impiden-acto\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">parque Col\u00f3n<\/a> hay una conexi\u00f3n clara: la tentativa de negar la ra\u00edz ajena, que es lo mismo (s\u00ed: <em>lo mismo<\/em>) que negarse a uno mismo.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Es dif\u00edcil cuestionar que todos tenemos una \u201cra\u00edz\u201d cultural, una matriz conceptual de la cual derivan nuestras convicciones, modos y h\u00e1bitos conductuales. S\u00ed, con sus matices; claro, con sus variantes. Aquella ra\u00edz cultural com\u00fan no invalida (ni pretende invalidar) ni cancela (ni aspira a cancelar) los componentes espec\u00edficos que acompa\u00f1an a cada cultura y a cada individuo; al contrario, los aprecia y, por ende, los revaloriza. Por eso el art\u00edculo 64 de la Constituci\u00f3n dice lo que dice. De ah\u00ed, tambi\u00e9n, el compromiso t\u00e1cito que asume un r\u00e9gimen democr\u00e1tico instalado sobre una sociedad plural: la convivencia y la cohesi\u00f3n <em>a pesar <\/em>de las diferencias indiosincr\u00e1ticas y culturales. El gobierno colectivo en una comunidad diversa tiene precisamente el reto de proyectar la unidad y el progreso com\u00fan m\u00e1s all\u00e1 de los sesgos individuales, de las \u201ccargas\u201d folcl\u00f3ricas e hist\u00f3ricas, de los factores (a veces peque\u00f1os, a veces grandes) que simbolizan nuestras diferencias culturales. La democracia no niega estas diferencias, pero se mantiene neutral frente a ellas. Y se mantiene neutral, no porque no le interesen, sino justamente porque las admite como igualmente v\u00e1lidas, con sus l\u00edmites y exigencias fronterizas. Por ello, quiz\u00e1 no es demasiado impreciso sostener que la cultura, al igual que la pol\u00edtica (aunque no <em>toda <\/em>la pol\u00edtica, tristemente), no es el juego del <em>todos contra todos<\/em> sino del <em>todos para todos<\/em>, del <em>ubuntu <\/em>y la fraternidad, de la ra\u00edz ajena como ra\u00edz propia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Si todos tenemos esta \u201cra\u00edz\u201d, si todos (por ser humanos) estamos conectados por este denominador com\u00fan (tambi\u00e9n muy humano), entonces la m\u00e1s elemental transitividad \u2013y, tambi\u00e9n la justicia m\u00e1s terrenal, m\u00e1s obvia\u2014 nos dice que todos tenemos el mismo derecho a reivindicar aquella ra\u00edz. De donde venga esa ra\u00edz, de donde abreve para formarse, var\u00eda de sujeto en sujeto y tiene mucho que ver con lo natural y lo circunstancial. Ninguno de nosotros decidi\u00f3 nacer donde nacimos; nadie tuvo el chance de elegir si aqu\u00ed o all\u00e1, si de esta manera o de la otra, si con estos rasgos o con los otros, si con este estatus o con uno diferente. A lo sumo, alguien decidi\u00f3 por nosotros, caso en el cual nos debemos siempre a alguien m\u00e1s (nuestros padres, nuestros abuelos), y ellos, a su vez, a los suyos; y as\u00ed hasta el infinito. Esa humanidad, ese componente de cercan\u00eda y conexi\u00f3n, ajeno a nuestra voluntad en su mayor medida y en su m\u00e1s justa dimensi\u00f3n, es com\u00fan a todos. Es connatural a nuestra condici\u00f3n humana.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Nos asiste el mismo derecho de reinvidicar nuestras creencias a trav\u00e9s del baile, la pol\u00edtica o cualquier expresi\u00f3n o manifestaci\u00f3n individual o colectiva. El problema es que la forma y el modo de proceder con aquella reivindicaci\u00f3n importa mucho. Es este el punto problem\u00e1tico; es este el momento en que algunas conciencias se confunden. Boicotear de forma violenta una manifestaci\u00f3n art\u00edstica en un espacio p\u00fablico, por el solo hecho de que lo que all\u00ed se dice y profesa no se alinea con alguna convicci\u00f3n pol\u00edtica propia (al margen de su m\u00e9rito), nos presenta ante el mismo problema que postula la pol\u00e9mica del baile en el f\u00fatbol: que no es solo una afrenta a la expresi\u00f3n cultural del <em>otro<\/em> y un ejercicio ileg\u00edtimo de las libertades fundamentales que nos amparan en una democracia constitucional; que es, adem\u00e1s, un agravio a nosotros mismos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Lo del parque, sin m\u00e1s, nos anula mutuamente. Reinvidicar la ra\u00edz propia (ese c\u00famulo de convicciones, muy nuestro) mediante la invalidaci\u00f3n de la ra\u00edz ajena es profundamente da\u00f1ino, no solo porque debilita el tejido social y atenta contra la integridad cultural, sino adem\u00e1s, y sobre todo, porque implica la cancelaci\u00f3n propia. Sin rodeos: negar la ra\u00edz es negarse a uno mismo. Punto.&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es dif\u00edcil cuestionar que todos tenemos una \u201cra\u00edz\u201d cultural, una matriz conceptual de la cual derivan nuestras convicciones, modos y h\u00e1bitos conductuales.<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>","protected":false},"author":35,"featured_media":4370,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"pgc_meta":"","footnotes":""},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-4369","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-opinion"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/elmitin.do\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4369","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/elmitin.do\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/elmitin.do\/en\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elmitin.do\/en\/wp-json\/wp\/v2\/users\/35"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elmitin.do\/en\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4369"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/elmitin.do\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4369\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4372,"href":"https:\/\/elmitin.do\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4369\/revisions\/4372"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elmitin.do\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4370"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/elmitin.do\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4369"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/elmitin.do\/en\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4369"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/elmitin.do\/en\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4369"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}