{"id":5857,"date":"2026-11-03T15:28:10","date_gmt":"2026-11-03T19:28:10","guid":{"rendered":"https:\/\/elmitin.do\/?p=5857"},"modified":"2026-11-03T15:28:19","modified_gmt":"2026-11-03T19:28:19","slug":"mas-bajito-para-poder-escucharte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elmitin.do\/en\/opinion\/mas-bajito-para-poder-escucharte\/","title":{"rendered":"M\u00e1s bajito para poder escucharte\u00a0"},"content":{"rendered":"<p class=\"wp-block-paragraph\">Caminar en Santo Domingo es un desaf\u00edo sensorial. No digo de caminar como hecho mec\u00e1nico y simple desplazamiento, eso todav\u00eda se puede con algo de esfuerzo. Hablo de dar una caminata para distraer la mente, como hace la gente en las pel\u00edculas. Salir a <em>despejar la mente<\/em> es una acci\u00f3n contraproducente. Se regresa peor, con m\u00e1s preocupaciones que las originales.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Calles sin sombra en el d\u00eda y sin luz en la noche. La probabilidad de que te encuentre un atracador es tan alta como la improbabilidad de encontrar una acera decente. Entre todos los sentidos puestos a prueba, pasando por el instinto de autopreservaci\u00f3n, es el o\u00eddo el que va m\u00e1s forzado, ya sea a punta de decibeles o por las palabras necias de hombres acosadores si eres mujer. Sabemos que Santo Domingo no es famosa por sus monjes budistas, pero no deja de sorprender c\u00f3mo hay tantas horas y tantas partes de esta ciudad que no te dejan trenzar ni dos ideas continuas con su sonido de fiera agonizante. Para intentar esa caminata hay que ponerse aud\u00edfonos y hablar solo para que las palabras no mueran opacadas por el entorno, lo que entonces significa desconectar uno de los sentidos del ambiente. Nada grave, pero la idea era escuchar el pensamiento, no m\u00fasica, y uno quisiera concentrarse en un solo problema, sin contar el calor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El calor y el ruido son dos eternos compadres que, no por coincidencia, suelen provenir de la fricci\u00f3n o la combusti\u00f3n. En el caso de los veh\u00edculos con motores de ignici\u00f3n, de ambas. Las ciudades y la gente no son tan ruidosas, los carros lo son. Indispensables para la matriz actual de transporte y abastecimiento, desde los camiones hasta los motores, cada quien hace su aporte a la guerra del ruido. Es una competencia con tendencia al alza, como quien habla m\u00e1s alto, cuya mejor representaci\u00f3n es el recital de bocinas que se forma con o sin tap\u00f3n. Y est\u00e1n tambi\u00e9n los extremos por amor a ensordecer a los dem\u00e1s. As\u00ed, parece que, como consuelo, hay quienes modifican los <em>mufflers<\/em> de sus carros para creerse que est\u00e1n en una carrera de NASCAR mientras van camino a cumplir un horario laboral; o los que aceleran el motor aun sin moverse como por hacer acto de presencia, sin olvidar a los que directamente gastan salarios enteros en parlantes para sacar a pasear un concierto en su carro.<br><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El silencio para la creatividad, la precisi\u00f3n y el descanso es escaso y por tanto car\u00edsimo. Se consigue en residenciales con suficientes zonas verdes de amortiguaci\u00f3n o pisos muy altos, con ventanas insonorizadas y aire central. Las pol\u00edticas p\u00fablicas antirruido, las regulaciones como zonas de circulaci\u00f3n para camiones o reglamentaci\u00f3n para limitar los decibeles que pueden generar los motores respecto a sus par\u00e1metros de f\u00e1brica, quedan sepultadas en la lista de prioridades y problemas <em>menos subjetivos<\/em> de la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como el problema del ruido en inform\u00e1tica y estad\u00edstica se puede definir como lo que se pierde entre lo que sobra, este exceso de decibeles marca un punto cr\u00edtico en la convivencia. El verdadero ant\u00f3nimo del ruido no es el silencio, sino la escucha. Tal vez ser\u00e1 que soy de t\u00edmpanos de cristal y me creo que el silencio es un derecho. No se trata de convertir Santo Domingo en una biblioteca ni de pedirnos perder nuestra esencia de hablar alto. Eso nunca. Pero s\u00ed se vale desear que en el Malec\u00f3n se escuchen las olas por encima de la furia de los camiones.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Caminar en Santo Domingo es un desaf\u00edo sensorial. 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