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Camila García Durán: “Hacer buen periodismo implica resistir la tentación de agradar”

Camila García Durán: “Hacer buen periodismo implica resistir la tentación de agradar”

Una conversación con Camila García Durán sobre los desafíos del periodismo de investigación en República Dominicana

SANTO DOMINGO.- En República Dominicana, el ejercicio del periodismo atraviesa un momento complejo. La presión de la inmediatez, los intereses económicos y políticos, y la lógica de las plataformas digitales han ido desplazando, en muchos casos, el rigor por la velocidad. A esto se suma un desafío estructural: hacer periodismo de calidad requiere tiempo, acceso y recursos, tres elementos que no siempre están disponibles.

En paralelo, las escuelas de comunicación enfrentan el reto de formar profesionales capaces no solo de producir contenido, sino de ejercer el oficio con criterio, ética y responsabilidad en un entorno cada vez más exigente y, a la vez, más superficial.

En ese contexto, el periodismo de investigación se sostiene como una de las prácticas más necesarias, y también más difíciles de ejercer.

A propósito de su trabajo de investigación y seguimiento en el caso Jet Set, así como su trayectoria en medios de televisión y prensa, incluyendo espacios como “Esta Noche Mariasela”, su paso por la Agencia EFE y su más reciente proyecto “Para Contarlo”,  la periodista Ramieri Delgadillo (RD) conversa con Camila García Durán (C.G.D.) sobre los desafíos del periodismo de investigación en República Dominicana y las tensiones que atraviesa el oficio en la actualidad.

RD: ¿Cómo llegaste al periodismo y qué te llevó a enfocarte en la investigación?

C.G.D.: Escogí mi carrera universitaria (Comunicación Publicitaria) a una edad en la que nadie sabe realmente lo que quiere, y por pura comodidad: era lo único que no tenía mucha matemática en el pensum.

Pero desde pequeña yo sabía que lo mío era curiosear, contar historias, preguntar mucho —volvía a todo el mundo loco, mis padres siempre pedían un “tente ahí”.

No fue hasta que empecé a trabajar en una agencia publicitaria que terminé de confirmar que eso de estar vendiendo marcas en las que ni siquiera creía no era lo mío. Un día, en un arranque, encontré una beca para hacer una maestría en periodismo y comunicación de masas en la Universidad de la Florida. Cogí mi matica’ del escritorio, renuncié, vendí mi carro y me fui.

Pero no llegué al periodismo desde una idea romántica del oficio, sino desde la incomodidad. Me molestaba lo que no se decía, lo que se maquillaba, lo que se repetía sin cuestionar. Con el tiempo entendí que lo mío no era reproducir información, sino escarbar.

RD: ¿Qué temas han marcado más tu trabajo o tu manera de entender el oficio?

C.G.D.: Los temas que más me han marcado son aquellos donde hay poder de por medio, sobre todo cuando ese poder aplasta a los más vulnerables y perpetúa la desigualdad en la que vivimos.

Casos de corrupción, estructuras opacas, decisiones que afectan a mucha gente pero que se toman sin transparencia. Ese tipo de temas te obliga a entender que el periodismo no es solo contar lo que pasa, sino explicar por qué pasa y quién gana con eso.

RD: Desde tu experiencia, ¿cómo definirías hoy el periodismo de investigación?

C.G.D.: Hoy el periodismo de investigación es, más que nunca, un ejercicio de resistencia. En teoría sigue siendo rigor, verificación y profundidad, pero en la práctica se ha distorsionado.

Muchas veces se confunde con opinión rápida o con filtraciones sin contexto. Se ha perdido el tiempo que exige investigar de verdad y, en muchos casos, el interés personal se ha impuesto sobre el interés público.

RD: ¿Qué particularidades tiene hacer periodismo de investigación en República Dominicana frente a otros contextos?

C.G.D.: Hacer periodismo de investigación en República Dominicana tiene una particularidad clara: todo está demasiado cerca, pero a la vez muy lejos.

Las fuentes, el poder, las consecuencias… no hay distancia entre lo que publicas y a quién afecta. Eso hace el trabajo más delicado, pero también más necesario.

La información pública, en teoría, está ahí. En la práctica, no te la entregan por las vías correspondientes. Y si te metes con un “turpén”, tienes que estar claro de que las consecuencias pueden acompañarte por mucho tiempo.

RD: ¿Cuáles dirías que son los principales retos que enfrentan hoy los periodistas de investigación en el país?

C.G.D.: El principal reto es sostener la independencia. Hay demasiados intereses cruzados —económicos y políticos— que terminan condicionando el ejercicio del periodismo.

Mantenerse al margen de eso tiene un costo, y no todo el mundo está dispuesto a pagarlo.

RD: En ese sentido, ¿existen presiones políticas o económicas que condicionen el trabajo? ¿Cómo se viven en el día a día?

C.G.D.: Sí, existen, y no siempre son evidentes. A veces son llamadas. Otras veces son silencios, accesos que se cierran o puertas que dejan de abrirse.

Es algo que se vive en el día a día y que termina moldeando el entorno en el que se trabaja, incluso sin que sea explícito.

RD: ¿Qué tan accesible es la información pública cuando se trata de investigar temas sensibles?

C.G.D.: La información pública sigue siendo difícil de obtener cuando se trata de temas sensibles. Hay una cultura de opacidad que no se rompe solo con leyes.

Entonces el periodista tiene que buscar otras vías, construir sus propias fuentes, y eso hace el proceso más lento, pero también más complejo.

RD: ¿Crees que existen suficientes garantías o mecanismos de protección para periodistas en República Dominicana?

C.G.D.: No existen suficientes mecanismos de protección reales. En muchos casos, el periodista está bastante solo frente a lo que investiga y publica.

Y eso, inevitablemente, influye en hasta dónde se llega.

RD: En relación con el caso Jet Set, ¿cómo ha sido tu proceso de investigación?

C.G.D.: El caso Jet Set nace precisamente de no quedarse con la versión oficial. Había demasiadas cosas que no cuadraban.

El proceso ha sido largo porque implica revisar datos, contrastar versiones y reconstruir una historia donde muchas piezas no están disponibles de forma abierta.

Pero también ha sido, sin duda, el caso más difícil que me ha tocado trabajar. A uno le enseñan desde el inicio que, como periodista, no debe apegarse emocionalmente a las historias, que debe mantenerse al margen, evitar emitir juicios de valor.

En este caso, eso es prácticamente imposible. Es imposible no condolerse con las víctimas, no involucrarse, no sentir el peso humano detrás de los datos. Y ahí es donde el oficio también se pone a prueba, porque tienes que seguir haciendo tu trabajo con rigor, incluso cuando la historia te atraviesa.

RD: ¿Cómo influye el ecosistema mediático actual —incluidas las redes sociales— en la profundidad y alcance de las investigaciones?

C.G.D.: Influye muchísimo. Las redes sociales han impuesto una lógica de inmediatez donde todo se mide en likes.

Y ahí es donde el periodismo empieza a perderse. Muchos medios han priorizado lo rápido sobre lo importante. Se publica primero y se verifica después —si es que se verifica—.

La investigación, que necesita tiempo y profundidad, termina perdiendo espacio frente al contenido que solo busca reacción.

RD: Mirando hacia adelante, ¿cómo ves el futuro del periodismo de investigación en el país?

C.G.D.: El futuro depende de quienes estén dispuestos a ir en contra de esa lógica.

Porque hay que decirlo sin rodeos: en muchos casos, el periodismo se ha convertido en un ejercicio irresponsable, más enfocado en generar interacción que en informar con rigor. Se está haciendo contenido, no periodismo.

RD: Para cerrar, ¿qué consejo le darías a quienes quieren dedicarse a este tipo de periodismo hoy?

C.G.D.: Que tengan claro que no es un camino fácil. Requiere paciencia, disciplina y mucha incomodidad.

Que no se vendan porque no hay mayor satisfacción que poder ayudar a alguien que lo único que tiene para pagarte es un corazón agradecido.

Y, sobre todo, que entiendan algo: hoy hacer buen periodismo implica resistir la tentación de agradar. Implica dejar de perseguir likes y volver a perseguir la verdad.

La conversación con Camila García Durán deja en evidencia que los retos del periodismo de investigación en República Dominicana no son aislados, sino parte de un ecosistema más amplio donde confluyen limitaciones de acceso, presiones externas y una transformación acelerada del consumo informativo.

También pone sobre la mesa una realidad incómoda: hacer periodismo de calidad cuesta en tiempo, en recursos y, muchas veces, en consecuencias personales.

De ahí que el desafío no recaiga únicamente en quienes ejercen el oficio, sino también en cómo se forma a las nuevas generaciones y en qué tipo de periodismo se decide sostener desde los medios.

En última instancia, como deja entrever esta conversación, el futuro del periodismo no dependerá sólo de adaptarse a las nuevas dinámicas, sino de la capacidad de resistir a ellas cuando sea necesario. Porque cuando el periodismo deja de incomodar, deja de cumplir su función.

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