En los últimos días, la periodista Camila García Durán ha publicado una serie de videos inéditos relacionados con el caso Jet Set, uno de los episodios más trágicos y aún en proceso de esclarecer en la historia reciente del país. Este material, disponible en la cuenta oficial de Para Contarlo RD, el programa que produce Camila, reabre preguntas que siguen sin respuestas claras.
Lo que muestran esas imágenes es estremecedor. En los minutos previos al derrumbe, se observa a varios empleados señalando el techo, alertando de que algo no estaba bien. También se ve a uno de los encargados avisando a la responsable del lugar, advirtiendo sobre una situación irregular en la estructura.
En paralelo, las escenas muestran camareros y trabajadores limpiando y secando el piso, en medio de una aparente normalidad que ya estaba quebrada por señales evidentes. Es una cotidianidad interrumpida, donde la alerta convive con la inacción, y donde cada segundo parece cargar un peso que solo se entiende al ver lo que ocurre después.
Luego, llega el momento más duro. Los videos captaron el instante exacto del derrumbe. Y tras él, el caos: personas que logran salir entre los escombros, huyendo desesperadas de lo que minutos antes era un espacio de celebración. La transición es brutal, casi imposible de procesar.
El Jet Set, una discoteca emblemática que por años fue sinónimo de música, encuentro y disfrute, terminó convirtiéndose en la tumba de más de 200 personas y dejó cientos de heridos. El próximo 08 de abril se cumple un año de ese hecho, un aniversario que llega con más preguntas que certezas.
Frente a este material, hay un punto que debe establecerse con claridad: difundir estos videos no es ilegal. Se trata de documentación vinculada a un caso de alto interés público. La ciudadanía tiene derecho a conocer qué ocurrió, cómo ocurrió y qué señales existieron antes de la tragedia.
Lo que sí debería generar mayor preocupación es otra cosa: el silencio de buena parte de los medios de comunicación de alcance nacional. Estas imágenes no han ocupado el espacio que su relevancia amerita, ni han sido integradas de forma consistente en la agenda informativa.
Porque lo que muestran no es menor. Apuntan a preguntas incómodas que no pueden diluirse con el paso del tiempo: ¿hubo advertencias previas?, ¿se actuó a tiempo?, ¿se ignoraron señales evidentes? Cuando esas preguntas desaparecen del debate público, el riesgo no es solo el olvido, es la impunidad.
El caso Jet Set no es solo un expediente judicial. Es una prueba para las instituciones, pero también para el periodismo dominicano. En conversaciones con colegas, se repite una frase inquietante: “de ahí no va a salir nada”. Más que una predicción, es un síntoma de la desconfianza acumulada.
Frente a eso, el periodismo no puede retirarse. Tiene que documentar, insistir y sostener la atención pública, incluso cuando hacerlo incomoda. En los próximos días se celebrará una audiencia clave, que pondrá a prueba no solo el proceso judicial, sino el compromiso con la transparencia.
El pasado domingo 05 de abril fue el Día Nacional del Periodista, la reflexión fue inevitable. ¿Qué significa ejercer este oficio cuando informar implica riesgos? ¿Qué tipo de periodismo estamos dispuestos a sostener cuando lo que está en juego es la verdad?
No se trata de imprudencia ni de sensacionalismo. Se trata de entender que el silencio también es una forma de tomar partido. Y que, frente a casos como este, callar no es neutral.
Porque si algo deja claro el caso Jet Set, a casi un año de ocurrido, no es sólo la dimensión de la tragedia. Es también la urgencia de que alguien esté dispuesto a contarla. En ese sentido, vale reconocer y respaldar el trabajo de la periodista Camila García Durán y de los medios que han decidido difundir este material, asumiendo el costo de informar en un contexto donde no siempre es fácil hacerlo. No es un gesto menor. Es, en esencia, una reafirmación del periodismo como servicio público.
En un contexto donde el silencio parece imponerse, informar con responsabilidad no solo es valiente: es indispensable, por eso Camila, dignificar este oficio que tantas penas y alegrías me da cada día.
Lo que dice la gente