Imagina que eres una pequeña nación caribeña y aplastas de manera contundente a una potencia mundial que además está envuelta en una guerra simultánea con varios frentes. Lo que siguió fue una avalancha de memes que construían la imagen de un país derrotado, humillado, reducido a un marcador que decía “10-1”. El timing no era inocente. Israel es responsable del genocidio en Gaza. Ver su bandera en el lado perdedor de un tablero, convertida en material de burla viral, tuvo resonancias que fueron mucho más allá del béisbol. El deporte solo prestó su escenario.

Es imposible ver esto y no pensar en Maradona marcándole dos goles a Inglaterra en los cuartos de final del Mundial de México de 1986. Lo que para el mundo era un partido de fútbol, para Argentina era una revancha histórica después de haber perdido la Guerra de las Malvinas en 1982. Pero no solo los argentinos celebraron estos goles. Hasta el día de hoy, la selección argentina es seguida con devoción en países que fueron colonizados por Inglaterra, como India y Bangladesh. Muchas de las imágenes más impactantes que recorrieron el mundo durante el Mundial de Qatar 2022 fueron las de los festejos de estos países cuyo trauma común fue vengado simbólicamente por Diego Armando Maradona.
Pero regresemos al Mundial de Baseball. Días después de haber aplastado a la selección de Israel, llegó la semifinal de República Dominicana contra Estados Unidos. Antes de que se cantara la victoria del vecino del norte, el conjunto del Plátano Power tenía la carrera del empate en la tercera base. Pero el árbitro cantó strike en un lanzamiento del estadounidense Mason Miller que pasó claramente por debajo de la zona de strike. Debió ser bola, pero el árbitro dijo strike. El juego terminó ahí, 2 a 1 a favor de los estadounidenses. Perdomo, quien se encontraba en su turno al bate, no podía creerlo. El país entero, que había seguido el torneo con una fe casi religiosa, ahora se encontraba en silencio frente a un resultado definitivo y una decisión irreversible.
En la rueda de prensa posterior, Albert Pujols, mánager del equipo dominicano, fue interrogado directamente sobre el polémico lanzamiento. Su respuesta fue evasiva y calculada hasta el milímetro: "No me voy a enfocar en ese último pitcheo". Orgulloso de sus jugadores, agradecido con Dios, sin una sola palabra de protesta.
La mayoría de los jugadores de la selección dominicana son estrellas activas de la MLB. Su sustento, su contrato, su carrera entera depende de la misma industria que organiza este torneo y que tiene sede en Estados Unidos. Protestar públicamente una decisión arbitral que benefició al equipo anfitrión es un riesgo calculado que muy pocos están dispuestos a asumir. La dependencia estructural de los peloteros dominicanos con la MLB es, en términos precisos, una relación de poder desigual. El talento sale de la isla, enriquece las franquicias, y cuando hay un conflicto de intereses, el más débil acata.
República Dominicana no es un caso aislado. Es el ejemplo más reciente de una dinámica que el Caribe y América Latina conocen de memoria. Este martes 17, Venezuela enfrentará a Estados Unidos en un contexto imposible de ignorar. Donald Trump, en su cuenta de Truth Social, reaccionó a la victoria de Venezuela sobre Italia en las semifinales sugiriendo que el país sudamericano podría convertirse en el Estado número 51 de Estados Unidos. El Clásico Mundial de Béisbol, como cualquier torneo deportivo, es un microcosmos donde se representan las mismas tensiones que mueven al mundo fuera del estadio. En el campo de juego tampoco se escapa de las relaciones de poder. Ni de la política.
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